Despedida de un Madrid bizarro
El primer encuentro con la bizarría madrileña fue en el Museo Reina Sofía, cuando recorrimos la exposición “Colección arte-contemporáneo. 1975-Presente”, el salto expresivo en las artes plásticas del “destape español”, luego de la muerte de Franco, y la reacción de la ultraderecha. El primer salón dedicado al periodismo escrito y la caricatura es notable. Entre otros, se ven los restos de unos dibujos de Picasso, destrozados con cortes en una galería de arte y la foto de una pintada en la pared “comunista, homosexual y pedófilo”. Los salones siguientes, “nuevas presencias de género”, muestran la revolución del orgullo gay español y los estragos del SIDA. Lástima que no hayan enfocado en otros aspectos de esos años: literatura, cine o revistas satíricas.
Llegamos hasta el video de una performance, una escultora se trepa a una escultura en yeso del tamaño natural del Moisés de Miguel Ángel y, a horcajadas en el hombro izquierdo, la destroza a mazazos. Una voz en “off” aclara que era un “homenaje” a la leyenda de que el escultor, cuando terminó su obra, le dio un golpe suave y le dijo “habla” o “camina”. Fue el límite, volvimos a visitar el Guernica, ahora envuelto en otra polémica, la petición de préstamo del gobierno vasco para exhibirlo entre el 1 de octubre y el 30 de junio de 2027. Petición algo ociosa; ese pedido ha sido negado a otros museos y ciudades, en razón del estado de fragilidad de la tela que tuvo muchos desplazamientos, hasta el penúltimo se desclavaba la tela y se enrollaba. El último fue en 1992, para moverlo desde el Casón del Buen Retiro al Reina Sofía, esta vez sin separar la tela del marco, para moverla unos 900 metros se construyó una caja especial de casi cuatro metros de alto y se elevó con una grúa, fue necesario derribar un muro para colocarla sobre un camión con el chasis rebajado y suspensión neumática integral. Cortaron la circulación en la zona y apagaron los semáforos para liberar el tráfico. Si esto se hizo para un desplazamiento de un kilómetro, ¿qué habría que hacer para llevarlo a Bilbao?
Al día siguiente tuvimos otro encuentro de bizarría, un estudioso de la obra de sor Juana que estaba interesado en el libro sobre las cartas de la Condesa de Paredes, mecenas y editora de la obra de la jerónima editado por Beatriz. La primera razón es que este académico es descendiente lejano de la Condesa y Grande de España; título que se remonta a otro pretérito parentesco familiar: Jorge Manrique, el de las Coplas a la muerte de su padre. Nos recibió en el edificio de la “Real Asociación de Hidalgos de España” ─¡vaya edificio y sociedad!─ en un salón con un retrato de Ferrer Dalmau, tamaño natural, del rey Felipe VI en su uniforme de Capitán General de la Armada. De la conversación surgieron todos los títulos que este grande comparte con su padre y hermanos.
Volvimos caminando y comenté con Beatriz que, pese a todos los esfuerzos de mis padres, no pudieron rastrear más allá de sus abuelos, los paternos de Piamonte y Sicilia, los maternos de mestiza mapuche y vasco, sumado al vago recuerdo de un tío fusilado por asaltante de caminos y asesino. En la calle Alcalá nos encontramos con los leones que tiran el carro de la Fuente de Cibeles; dialogan en silencio con Hipómenes y Atalanta, el óleo de Guido Renni, que está en El Prado. Los amantes fueron metamorfoseados por haber consumado su matrimonio en el templo de la diosa. Ovidio cuenta la historia.
Al día siguiente teníamos pendiente el Museo Arqueológico Nacional, ya prevenidos por un intento fallido de un viaje anterior en virtud del horario, primero visitamos la réplica tamaño natural de la Cueva de Altamira con las pinturas rupestres, entre ellas, el origen de todos los toros de Picasso. Volver a visitar este museo es un compromiso obligado ahora con tres exposiciones temporales, la más voluminosa: “Alas para la guerra. Aratis y la Celtiberia”, centrada en la cultura celtibera de la Edad del Hierro, con foco en la ciudad de Aratis (actual Zaragoza). Reúne por primera vez piezas de distintos museos españoles; dos centenares de objetos:armas, cascos, esculturas, utensilios de uso doméstico, las explicaciones revelan que la guerra no era solo violencia, sino el eje que atravesaba la vida celtibérica: política, economía, arte, religión e identidad social.
La otra exposición: “La mitad del mundo. La mujer en el México indígena”, más de 400 esculturas, cerámicas, textiles y ajuares funerarios, provenientes de las culturas, maya, mexica, zapoteca y olmeca, muchas han salido de México por primera vez. De nuevo algunas representaciones que invocan la guerra como acto fundacional y orgánico de la sociedad; nada nuevo, literatura y arte universal nacen con el sitio de Troya y su posterior destrucción.
Hicimos un alto en los jardines del bar; al lado de una planta en una maceta enorme, un cartel: “soy un olivo no un cenicero”. Finalizamos con la que, para mí, es la exposición temporaria más interesante: “Lo que la ciudad esconde”.
En los trabajos de restauración de un edificio contiguo a la catedral de Toledo aparecieron casi medio centenar de tablas policromadas ocultas en la estructura y datadas entre los siglos XII y XIV. Los fragmentos restaurados representan escenas de combates caballerescos y caza; alegorías de autores griegos y manifestaciones de la vida cortesana, entre otras: el rey acompañado de un séquito de damas, caballeros y consejeros. El catálogo explica que las figuras tienen influencia de los ilustradores de las Cántigas de Santa María de Alfonso el Sabio. Pena no haber preguntado donde irán estas tablas, ameritan regresar para verlas.
El sábado hicimos un largo paseo hasta el Mercado de San Miguel y ver sus puestos de comida, very typical, caro y de minúsculas proporciones; en todos los lugares de Madrid donde averiguamos por rabas resultó una media (al peso) de 90 centavos de euro cada una. En la Plaza de la Villa nos sentamos al lado de la estatua de Don Álvaro de Bazán, cuyos octosílabos de Lope de Vega sé de memoria: “Al fiero turco en Lepanto / en la Tercera el francés / y en todo mar el inglés / tuvieron en verme espanto / Rey servido y Patria Honrada / dirán mejor quien he sido / por la Cruz de mi apellido / y con la Cruz de mi espada”. Ante la duda de cómo se llama este tipo de octosílabo consulto con Inteligencia Artificial, me aclara que es una redondilla, la cita a continuación completa y me da la rima. Es errada y la corrijo. IA. me da la razón.
El domingo, la despedida, caminamos desde Plaza España hasta Campo del Moro, pensábamos llegar hasta el río Manzanares, nos demoramos viendo recovecos y edificios del parque. Caminando por los senderos del bosque, la última bizarría madrileña. Una pareja tomada de la mano, él casi dos metros de alto con musculosa, sus bíceps y tríceps del tamaño de mis muslos; su compañero de mi estatura, delicado y menudo con los ojos delineados. Dos personajes de manual del manga yaoi que representa relaciones románticas o sexuales entre hombres.
El grandote era el Seme, su compañero el Uke.
Danilo Albero
