Madrid y sus nuevos arcanos
Lo primero que nos llamó la atención en este viaje fue el rechazo de algunos madrileños por los turistas; comprensible, son causantes de la reducción en la oferta de departamentos, ahora destinados para alquileres temporarios.
El primer arcano coincidió con la visita a la Real Academia de San Fernando para ver dos exposiciones, la primera: “Los Disparates de Goya” ─combinación de aguafuerte con aguatinta─ cuyas explicaciones no estaban claras ni aún para los curadores; son arduos de interpretar. Aparentemente son temas carnavalescos, lúdicos y desenfadados, que se vuelven tenebrosos o siniestros al aflorar manifestaciones de erotismo, miedo a lo desconocido o ridiculización de ciertas festividades, escenas enfatizadas porque, en su mayoría, son con luz nocturna, que las envuelve en una atmósfera siniestra y tenebrosa. Consultamos el Diccionario de autoridades de la RAE, en el celular, se hizo la luz en el entendimiento para comprender la inquietud que las imágenes, emparentadas con Los desastres de la guerra, nos estaban provocando. El Diccionario de autoridades aclara que, en los siglos XVIII y principios del XIX, “disparate” significaba absurdo o despropositado (por no tener conformidad con la razón). Siempre sostuve que el lugar común “una imagen vale por mil palabras” es desacertado; la imagen sin palabras no se sostiene. Reflexión que se confirmó en la otra exposición de la Academia…: “Bellezas del mundo flotante”, provenientes de una colección particular de grabados japoneses del género ukiyo-e, xilografías coloreadas sobre aspectos de la vida cortesana, varias con escenas de sexo explícito. De muchas de las láminas se hacía difícil captar el significado ─combinan imagen con un título poético relacionado con historias o leyendas─, la ausencia de explicaciones que nos pusieran en contexto se hizo notar.
Otro arcano, utilizar por primera vez la gratuita línea 001, ómnibus eléctricos que, recorriendo la Gran Vía, unen el Palacio de la Moncloa con estación Atocha. Trayecto con paradas en los puntos del “Triángulo del Arte” o “milla de los museos”, que abarca: Reina Sofía, El Prado y Thyssen-Bornemisza, poco más de un kilómetro que contiene la mayor concentración de obras de arte del mundo. Agrego a ese triángulo el Museo Naval; amerita una visita.
La jornada siguiente fue de flâneurs recorriendo la Gran Vía desde Plaza España hasta la Fuente de las Cibeles, nos dio acceso a otro arcano que, en viajes anteriores siempre encontramos inaccesible, el Museo Chicote, con su decoración estilo Art Decó, intacta desde su inauguración y que sobrevivió a los bombardeos franquistas de la Guerra Civil. Por él, transitaron desde Hemingway a Pedro Almodóvar, pasando por Alexander Fleming, Luis Buñuel y todo famoso que visita la ciudad. Nos sentamos en la mesa donde Papa escribía sus crónicas de guerra y bebía sus dry martinis dobles, esta vez celebrado con una cerveza tirada.
La Galería de las Colecciones Reales, adyacente al Palacio Real, está a unas quince cuadras de nuestro alojamiento y siempre, además de viejos conocidos, nos sorprende con alguna exposición transitoria. El museo está en una colina y se recorre descendiendo por rampas o ascensor (mejor las primeras) que miran hacia el valle, son cuatro niveles cada uno con corredores de doble circulación y el camino recomendado es empezar por el último nivel y así apreciarlo en orden cronológico. En los cimientos están los restos del primer alcázar musulmán y, sobre él, las ruinas del primer asentamiento cristiano luego de la reconquista. Continuando el descenso se accede a los distintos períodos de la historia española, desde los reyes católicos hasta principios del siglo XX. Al principio de cada nivel, un documental con dibujos e ilustraciones pone en contexto de momentos históricos y monarcas reinantes.
Cita con dos queridos conocidos, “El Arcángel San Miguel venciendo al demonio” de Luisa Ignacia Roldán Villavicencio, La Roldana (1652, 1704), considerada la primera escultora española registrada y una de las principales figuras del Barroco en Andalucía. La talla de madera policromada y casi dos metros de altura impacta por el virtuosismo para plasmar el movimiento de las figuras al momento en que el demonio va a recibir el golpe de gracia; acción revelada por los pliegues de la manga de la túnica del Arcángel. Una ocasional guía de un grupo de turistas aclara, y tomo nota: “el arcángel presenta rasgos ligeramente femeninos detalle que ha llevado a interpretar la figura como un posible autorretrato idealizado de La Roldana”. Esta talla dialoga con el recorrido “El Prado en femenino”; itinerario temático que visibiliza el papel de las mujeres en la historia del arte, enfocado en su representación, rol de coleccionistas y mecenas. Destacando la figura de reinas, como Isabel de Farnesio, y cuestionando normas de género, recato y poder social impuestas entre los siglos XVI y XX.
La despedida, otro viejo afecto, una vitrina con uno de los cinco ejemplares existentes de la Gramática de la lengua castellana de Antonio de Nebrija, publicado en 1492, primera gramática de las lenguas romances, la leyenda que la acompaña cuenta su dedicatoria a Isabel la Católica: “La lengua siempre fue compañera del imperio”; el latín con su herencia lingüística dan fe, también el español, segunda lengua más difundida en el mundo y el maravilloso Siglo de Oro. Que Isabel la Católica fuera también mecenas e impulsora de la educación, cultura y arte, es otro diálogo con el recorrido “El Prado en femenino”. Además el español fue el idioma en el que se comunicaron Carlos I de España y su esposa, Isabel de Portugal (este año se cumplen cinco siglos de su casamiento), cuyos idiomas maternos fueron francés y portugués.
El Thyssen-Bornemisza nos recibió con una exhibición conmemorativa del centenario del nacimiento de Robert Rauschenberg, hecha con el apoyo de la Robert Rauschenberg Foundation, una instalación especial en torno a Express (En movimiento) una de sus obras más representativas, propiedad del Museo. Pudimos ver los afiches, ilustraciones de revistas, propagandas, fotos y folletos que inspiraron la serigrafía clave en el paso del expresionismo abstracto al pop art. Una de cuyas obras icónicas nos espera en otra sala, el óleo Mujer en el baño de Roy Lichtenstein, donde reproduce los puntos de impresión, típico de los comics, de color amarillo, rojo y azul delineados en negro.
Nos despedimos con el acrílico “Cabinas telefónicas” (1967) de Richard Estes, expresión acabada del hiperrealismo que nos envuelve en sus reflejos. Una fila de cabinas telefónicas de vidrio de una ciudad (¿Nueva York?). A primera vista parece foto, pero, de cerca se ve que es una pintura extremadamente detallada.
No existen más cabinas telefónicas. ¿Dónde se cambiaría Superman en el 2026?
Danilo Albero.
