Ulises de Homero a Nolan
La Odisea, es un libro cuyo mensaje, a través de casi treinta siglos, permanece y, de manera constante, se reelabora e interpreta por distintos medios expresivos (narrativa, poesía, pintura, escultura y cine). A partir de mediados del siglo XX, y hasta el presente la historia adquirió nuevos soportes: música, cómic y videojuegos han reinterpretado el regreso de Ulises, demostrando que un clásico nunca permanece inmóvil.
Odiseo (Ulises a partir de los romanos) continúa navegando. Cambiaron mares, lectores e interpretaciones, pero el viaje es el mismo: el del ser humano que lucha por regresar a su hogar. De la médula de su argumento germinan valores fundamentales de la antigua Grecia: la xenia, “Ley de Zeus”, hospitalidad como fundamento de la convivencia; el nóstos, anhelo por regresar al hogar tras larga ausencia; la metis, inteligencia, ingenio y astucia capaces de imponerse a la fuerza bruta.
Pervive, además, través de palabras y expresiones de uso cotidiano utilizadas aún por aquellos que desconocen la obra de Homero. Alguien que tuvo problemas en llegar al trabajo dirá que su viaje “fue una odisea”, cuando puede surgir un conflicto vaticinamos “va arder Troya” y tenemos “troyanos” en un computador. Algunas engañosas propuestas son “cantos de sirena”; “estar entre Escila y Caribdis”, es enfrentar a dos peligros de manera que alejarse de uno es acercarse a otro. Además el vocablo mentor (para la RAE: “consejero o guía”) proviene de Mentor, amigo de Ulises a quien, antes de partir hacia Troya encomendó la educación de Telémaco. Todo este bagaje lo portan aquellos que, sin haber leído el libro, vieron Odisea de Nolan.
En la pantalla, Ulises viene apareciendo en películas desde los inicios del cine siendo que sus dos primera versiones fueron francesas: el corto La isla de Calipso (1905), de George Méliès, con el propio cineasta como el protagonista y El retorno de Ulises (1908). Aunque el rostro que yo identifico como el de Ulises es el de Kirk Douglas en la película de 1954. Sin contar la versión futurista y de ciencia ficción de 2001: Una odisea del espacio (2001) donde Stanley Kubrick convirtió el viaje por el Mediterráneo en una travesía cósmica.
Poor su parte, la versión de Nolan ha tenido partidarios entusiastas y puristas detractores –curiosamente académicos, profesores y traductores– que se han encargado de su vivisección con la saña de Jack el Destripador.
Lo primero a tener en cuenta es que trasponer una obra literaria, sea una pintura o la pantalla, es una interpretación o recreación que no siempre debe mucho al original. Los duelistas, de Ridley Scott, poco difiere de la novela de Conrad; no pasa otro tanto con Blade Runner, versión del mismo director de la novela de Philip K. Dick Sueñan los androides con ovejas eléctricas.
Desde esta óptica, la versión de Nolan es la primera que pone en primer plano y explicita un relato, implícito en el texto de Homero, nunca mencionado antes; su Odisea es una historia de estrategias femeninas de seducción y poder que dan el hilo conductor de la obra. Dos peligros tienen rostro de mujer: las sirenas, habitantes de una isla rocosa y accidentada, que atraen con su canto a los navegantes hacia la destrucción. La otra deidad de avería es Circe, la hechicera que transforma a los hombres en cerdos y, a la vez, de manera ambigua, le aconseja y ayuda a convocar a los muertos desde el submundo; allí dialoga con el adivino Tiresias, quien le da consejos para regresar a casa en Ítaca, también a su madre, Anticlea, que le anticipa el peligro de los pretendientes que esperan su llegada para matarlo.
La ninfa Calipso le ofrece la inmortalidad, Odiseo reconoce que su esposa, Penélope, no puede comparase a ella en belleza, porque es mortal, destino que él desea compartir. A su vez Penélope, no es una esposa pasiva durante la larga ausencia de su esposo, ha resistido, con valor y astucia a los ciento ocho pretendientes que han llegado al palacio con ansias de casarse con ella y convertirse en el nuevo rey de Ítaca. Su estrategia, tejer una mortaja para su suegro, Laertes, sudario que desteje por la noche. Y por último, la deidad que lo ha protegido desde que dejó Troya hasta su regreso, la diosa Atenea.
En la elección de las figuras femeninas Nolan convocó a reconocidas y bellas estrellas: Lupita Nyong’o, en el doble rol de Clitemnestra y su hermana gemela, Helena; detalle, porta rencorosas cicatrices en la mejilla izquierda, el encuentro con su esposo no fue tan romántico. Por su parte el Rubio Menelao aparece moreno y casi calvo. Anne Hathaway, como Penélope y Charlize Theron, como Calipso, están filmadas de modo de exponer por completo, a veces de manera casi ostensiva, su edad. Todas las protagonistas tienen poder de seducción aunque desprovistas de sexualidad en sus atractivos (Calipso retuvo a Odiseo como su amante durante años), no hay tensión erótica en el film. Esta desexualización llega a su clímax en el rol de Circe, interpretada por Samantha Morton.
Otro, detalle, no tenido en cuenta en versiones anteriores, es el caballo de Troya, mencionado brevemente en la Odisea. Los pocos detalles que tenemos de él aparecen en la Eneida de Virgilio, que relata la caída de la Ciudad de los Altos Muros. Nolan lleva al público al interior del caballo y muestra, con detalles claustrofóbicos y repugnantes, la vida de estos héroes cuando tuvieron que esperar durante días dentro del artilugio, orinando y defecando unos sobre otros.
Por último, destaco que Nolan imita a Nolan; Agamenón entra en Troya sin que, por su armadura, sepamos si se trata de él o de Batman, el caballero oscuro, ahora customizado con un yelmo del que pende una esperpéntica trencita de vértebras. La jornada en el interior del caballo, cuando los guerreros troyanos perforan la carcasa con sus espadas, es la remake de Dunkerque, cuando los snipers alemanes acribillan el casco varado donde soldados ingleses ocultos esperan que suba la marea.
“Dentro de cien años a nadie le interesarán los problemas políticos actuales”, dijo Borges en una conferencia de 1975, “Sin embargo, las obras de imaginación seguirán interesando. Seguirán interesando el carácter de Hamlet, los extraños personajes de Conrad, la curiosa amistad de don Quijote y Sancho”. De manera análoga, a lo largo de casi tres horas, Nolan trama los hilos de la Odisea y la Ilíada para tejer el relato de un héroe que regresa solo a su patria; desafió a los dioses, pero no pudo proteger a sus compañeros. La historia de una civilización empecinada en su autodestrucción, olvidado el principio de hospitalidad que debería regir la acogida de los forasteros. Nolan nos muestra el hilo conductor de la xenia o xenofilia del siglo VIII a la xenofobia del presente. De la “ley de Zeus” al ICE del todopoderoso Donald Trump. Eso, y no otra cosa, puede ser el mejor comentario a La odisea de Christopher Nolan.
Danilo Albero
