Zero, el cerebro de agua
Leí un artículo escalofriante en BBC: “Qué es el ‘Proyecto Panamá’, y cómo reveló la destrucción de miles de libros antiguos para entrenar a la IA”. Como ex librero resolví indagar y escribir sobre el tema; empecé a rastrearlo. Una serie de notas periodísticas se sucedieron, en efecto dominó.
La primera señal de alarma la dio el 30 de julio The Telegraph: “Cultural barbarism: How AI companies are destroying the world’s books. In its attempt to boost AI’s power, Silicon Valley is buying millions of rare editions, scanning them and then shredding the originals (Barbarie cultural: cómo las empresas de IA están destruyendo los libros del mundo. En su intento por potenciar el poder de la inteligencia artificial, empresas de Silicon Valley están comprando millones de ejemplares de ediciones raras, escaneándolos y luego triturando los originales). Para leer el artículo había que suscribirse, pero con el titular bastaba; es tan exorbitante como inquietante. A The Telegraph siguieron, al día siguiente una réplica de Arte Informado y otra de La Nación del 18 de agosto.
A la luz de estas noticias recordé una película que vi hace casi medio siglo; ese film anticipó el tema de grandes corporaciones que presiden el mundo designando a los gobernantes y el uso de la inteligencia artificial como reservorio de la historia y cultura universal. La alquilé en el videoclub; de ella tomé el título de esta nota y rescato la Tocata y fuga en re menor de Bach, música de fondo de los momentos más tensos, que escucho en estos momentos para inspirarme; los primeros acordes del órgano anuncian algo monumental, también inquietante y ominoso.
Volviendo al artículo de BBC, en los primeros meses del año un librero y anticuario catalán recibió un pedido de un título desde Canadá, semanas después y desde el mismo lugar, el encargo se incrementó a una serie de ejemplares, aparentemente inconexos en temática salvo por el hecho de que coincidían en el siglo, como si rastrearan todo el saber del período. Intrigado por lo inusitado de la compra, resolvió consultar e intercambiar experiencias con colegas de otros países. Descubrió que en Australia, Nueva Zelanda y Alemania, la misma compañía había repetido el mismo patrón de pedidos, barrido por siglos, pago por adelantado y sin regatear precios ni gastos de envío.
Con esta información el anticuario se asesoró con un amigo bibliómano, ingeniero electrónico, programador y docto en el uso de inteligencia artificial. Empezaron a recorrer el espinel y llegaron al origen de las compras. En septiembre de 2025, Anthropic, una empresa de inteligencia artificial, negoció pagar varios millones de dólares a una demanda colectiva presentada por científicos e investigadores que habían demostrado cómo sus trabajos habían sido usados sin permiso para entrenar sus modelos de IA.
Meses después, el Washington Post publicó en exclusiva un documento filtrado a raíz del proceso judicial; en él refería a la existencia del plan de Anthropic para digitalizar todas las obras escritas por la humanidad, el Proyecto Panamá, que consiste en escanear de forma destructiva todos los libros del mundo, para concluir: «…es necesario mantener esto en secreto…”.
Hace tres meses un artículo de La Nación: “Una investigación reveló que Amazon destruye libros para entrenar a su IA” y explicitó como es el método del Proyecto Panamá; a los ejemplares se le corta el lomo para separar las hojas de las tapas; las páginas se introducen en escáneres industriales de alta velocidad que las copian muy rápido, de manera automática; las tapas y páginas del libro destripado ya no puede volverse a encuadernar (proyecto que, por otra parte no les interesa a Amazon, Anthropic ni a ninguna otra corporación de inteligencia artificial); los restos se envían a reciclaje.
Obviamente lo que prima para la empresas de IA es la velocidad para el escaneo, no conservar el libro porque ya vampirizaron el contenido. Hay métodos no destructivos e incruentos, pero son demorosos; el año pasado en la London Library, ayudé a Beatriz para, supervisados por una bibliotecaria, escanear un libro del siglo XVII que copiamos en un pen drive. Usamos un escáner especial plano y con superficie en declive de leve V invertida.
La destrucción de los libros para entrenar a la IA ya ha generado preocupación y dudas en foros especializados ¿Qué pasa con textos antiguos no registrados en el sistema ISBN (International Standard Book Number)?; código numérico que identifica cada libro publicado, implementado en los ’70 del siglo XX. Otro tanto pasa con diarios antiguos, revistas, cómics y publicaciones underground. La conclusión: en un futuro próximo, si todo lo investigamos usando sólo IA y sin ir a las fuentes, esa IA empezará a degradarse, porque se ha entrenado y educado con información generada por ella misma.
La distópica película Rolleball (1975), que volví a ver a propósito de esta nota, está ambientada en 2015; los presidentes de las naciones son designados por tres grandes corporaciones que controlan: energía, registro de la historia, ciencia y arte de la humanidad; transporte y comunicaciones; y producción de alimentos. No hay guerras, la agresividad humana se canaliza a través de competencias de rollerball, suerte de juego de gladiadores donde dos equipos de patinadores y motociclistas de distintas capitales combaten para meter una pelota de acero en un aro magnético. Otro de los objetivos de la lucha es demostrar que no hay lugar para la individualidad y, en consecuencia, tampoco búsquedas creativas que puedan cuestionar el sistema.
El conflicto surge cuando Jonathan E., capitán y jugador estrella de un equipo de la corporación de energía al que identifica todo el mundo, es invitado a jubilarse con una serie de privilegios; el astro no acepta. En un el juego contra un equipo japonés, Moonpie, íntimo amigo y compañero, resulta con muerte cerebral; como no tiene parientes, sólo Jonathan E. puede autorizar su eutanasia. Intrigado sobre cuáles pueden ser los pensamientos y sentimientos de Moonpie y cómo toman las decisiones las corporaciones, viaja a Suiza donde está la matriz informativa mundial Zero, el cerebro de agua.
El bibliotecario a cargo le dice que la mente del planeta, Zero, the liquid brain, se ha vuelto tan ambigua y compleja que, de manera sistemática, borra o confunde la historia e información acumulada. “Justamente acabamos de perder todo el registro histórico del siglo XIII, no hay mucho que lamentar, salvo a Dante y unos pocos Papas corruptos”. Y lo invita a Jonathan E. que le pregunte lo que quiere saber. Jonathan E. le pregunta a Zero “¿Cómo se toman se toman las decisiones corporativas?”; la respuesta: “Las decisiones corporativas las toman los ejecutivos corporativos”.
Entonces Jonathan E. le pregunta al bibliotecario dónde puede encontrar libros para informarse. “¿Books, books? They’re all changed. All rewrited. All information is here” (¿Libros, libros? Todos han cambiado. Todos reescritos. Toda la información está aquí).
Danilo Albero
